¿Y la respuesta, tú la sabes?
Apiladas estaban todas las cartas recibidas de inmigración, copias de documentos, y más copias documentos, solicitudes, Estados de bancos, títulos y grados apostillados, traducidos, faxes enviados, cartas de aprobación, cartas para citas, de no uno, ni dos, ni tres procesos migratorios, si no más! Allí estaban al fondo de un cajón, en una carpeta malograda, lo que viví, lloré, rogué, sudé, trabajé, completé, ahorré, gasté, esperé, solicité y todos los “é” que pueda agregar al caso. Siempre habrá una historia peor que la mía, más dramática que la mía, más difícil que la mía, pero esta fue mi historia y yo la viví. Nadie puede decirme “es que tu no sabes”. La que no sabe mi historia es esa persona, por eso quiero contarla, por si acaso me lee. Cuando me vine no estaba Maduro, ni Chávez ni unos cuantos de miles de venezolanos. Cuando me vine a Estados Unidos hace una veintena de años, los venezolanos poco o nada emigraban. Todavía creíamos que los cubanos estaban exagerando cua...