Las dos caras de un Zuliano

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“En la Maracaibo salvaje, hostil y árida. En la Maracaibo vagabunda y pirata, vulgar y escandalosa e inhumana; pero de todos modos, dueña y causante de esta nostalgia corta, que siento por no verla”.

En esta frase se encierra la esencia de la inspiración marabina, amamos esta tierra, pero también la odiamos. Las palabras de Américo Negrette en “Ciudad de Fuego” nos suenan a poesía, pero no son más que parte de la cruda realidad que vive el maracucho, el zuliano en general. 

Siempre hablamos del calor de Maracaibo, de la chispa innata, de la gaita y el cafecito. Pero hay otra realidad de las que pocos hablan; porque pocos son -aunque los hay- los que perciben la otra cara de la moneda.

Tenemos los hermosos atardeceres marabinos, como no se han visto muchos en el mundo, para aquellos que se percatan de que aquí el sol es otra cosa, aunque estos tendrían más valor y color si su gente así lo quisiera. Hacer de la gaita una realidad y que el calor sea verdadero, al demostrar respeto por sus prójimos. Marabino, enfrenta tu otra cara, y deja de ocultarte en tu tan vanagloriado calor zuliano, en tu chispa innata, en tu espontaneidad.

Tenemos además, la vista espectacular que es parte rutinaria de todos nuestros días, esa que se enciende en gloriosos colores y se ve desde el paseo del lago, el hotel del lago y en general por toda la avenida Milagros, desde lo alto de los edificios y también por la zona sur bajando hacia la plaza las banderas, un paisaje que de manera inexplicable llena todos los sentidos y ofrece una luz brillante a toda hora y cada día, tan hermosa, tan distinta cada vez y que no es más que una cruel paradoja.

El lago es sólo bello por fuera. Por dentro llora, por toda la porquería que el hombre ha derramado en sus entrañas. Qué fácil ha sido culpar a la industria petrolera, sabemos que es el mayor responsable, pero aquellos que lanzan desperdicios, latas de cerveza y hacen sus necesidades en él, ¿a cuál industria pertenecen? ¿a la de la inconsciencia?

Por otra parte percibimos la irreverencia del maracucho de nuestros tiempos, con lo que respecta a todo tipo de leyes de tránsito. Irrespeta a los demás conductores, a los peatones. No se puede culpar sólo al conductor, hay que culpar también a aquellos que han hecho de esta ciudad un pueblo del oeste con carros, entiéndase bien, a sus gobernantes. Pero de todas formas no es excusa, no hay excusa para la falta de conciencia y sentido común. Salir a manejar en Maracaibo es la locura y dudo mucho que exista una ciudad que se le compare.

Anteriormente podíamos decir que nadie le prestaba atención  a este problema, pero es comprobable que los alcaldes han hecho lo suyo conjuntamente con la gobernación, colocando una que otra multa por no llevar cinturón de seguridad, entre otras cosas. Sin embargo, colocar una multa por esta razón no es suficiente, se ha visto pasar un carro que se avalanza sobre otro delante de la policía, sin que algo suceda. No tiene sentido. Es necesario la continuidad y la verdadera preocupación, es necesario sembrar conciencia antes de mostrar los nuevos y lujosos automóviles de la policía metropolitana.

Últimamente la participación de la policía se ha convertido en un ‘boom’, un hecho inusual en esta ciudad y ni decir de los peajes en todo el estado, con un excelente servicio y música típica de fondo, es increíble realmente, sobre todo para aquellos de nosotros que creimos no había esperanza para esta desolada tierra.

Para corroborar lo dicho anteriormente, hace poco el periódico encarte de LUZ publicó un sondeo que realizó IESA, el cual establece que los zulianos consideran como los factores más resaltantes que inhiben la competitividad en el Zulia, precisamente a los problemas de vialidad y transporte, la seguridad y la legislación municipal y regional.

También tenemos la otra cara del zuliano, quien cuando “está de buenas” hace imposible desplegar una reacción de alegre asombro. Se diría que el maracucho traspasa constantemente ese limite imaginario que todas las personas levantan para resguardar su individualidad. A él le da lo mismo ese resguardo, lo traspasa tranquilamente, de manera espontanea y jocosa, ante la mirada estupefacta de muchos, sobre todo de aquellos extranjeros de los que ahora hay tantos y compatriotas de otras ciudades venezolanas. Uno se pregunta porque al extranjero le gusta tanto esta tierra, y es por eso. Cuando llegan a trabajar en nuestros campos y lago se encuentran con unos maracuchos ordinarios e irrespetuosos, pero que los hacen reir, sentirse cómodos, como en casa.

Hace poco se realizó una pequeña encuesta entre los marabinos de diversas edades, revelando ésta que un 50% de los más jóvenes - 15 a 25 años de edad - reconocen a los indígenas, los negros y la mezcla de los tres grupos anteriores como parte de sus orígenes, pero hay un 50% que consideran que solo provenimos de los blancos. Entre el grupo de los mayores de 25 años un 60% otorga a los blancos la exclusividad ancestral, ¿qué pasa con el 40% restante?. Y los mayores de 36 años acertaron con un 70% en las respuestas, aún cuando quede un 30% remanente.

Podría decirse que aquellos que ignoran sus origines tienen relación directa con algunos de los aspectos negativos del zuliano. Citemos como ejemplo a un norteamericano típico al cual -hipoteticamente hablando- si pudiesemos abrirle la cabeza, encontraríamos seguramente una bandera tricolor con 52 estrellitas, porque antes de nacer siquiera hacen de su historia, parte de sus vidas. Creánme que allí se guarda el secreto de muchos de sus avances. Podemos afirmar que una vez conocidos y aceptados los origines, se garantiza en un porcentaje más alto el sentido patriótico y el respeto por la historia y por ende el amor y el respeto por su prójimo, por un pueblo.

Al cuestionarlos sobre las características más resaltantes del zuliano, entre la diversidad de  respuestas las más comunes fueron la sociabilidad, la extroversión, la honestidad y el regionalismo, en contraposición a un 15% de respuestas negativas de escasa resonancia entre una y otra, exceptuando el orgullo y la conformidad. Los mayorcitos dieron casi al igual que este grupo un 77% de respuestas positivas, entre ellas la hospitalidad, la religiosidad y la aptitud para la música.

En general hemos visto un avance en el Zulia, pero no podemos dormirnos al pie de un camino cuyo recorrido apenas comienza. Aun cuando los primeros pasos son algo lentos, dado el aprendisaje torpe de aquel que carece de experiencia, bien podemos seguir la sugerencia de una vieja y sabia canción: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

#Venezueladelos90s  

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