Después de muchos años, décadas, experimenté ayer un sentimiento profundo de lo que significa ser libre en verdad para amar sin condición. No se porqué mi oración fue respondida ahora y no hace un año o diez. Así suceden las cosas de Dios, pasas meses pidiendo por algo y un día, así de repente estás listo para recibir, pasar a otra etapa, y ¡pun! El milagro sucede. Es ahora cuando realmente lo he estado deseando con el corazón, que Dios me de la capacidad de amar a las personas como El lo hizo, sin condición, sin resentimientos, con tolerancia y aceptación. Créanme, se necesita un poder superior y un deseo muy grande de querer llegar allí, para tolerar tantas de nuestras imperfecciones, indiscreciones, críticas, juicios, estupideces que cometemos a diario, frialdades, traiciones, asesinatos, diferencias políticas, expectativas de lo que debemos o no debemos ser o lo que deben hacer los otros. Jesús pudo haber dicho “ellos no merecen que los perdone, Padre, ¿por qué lo...